Comparto artículo de Carlos Hugo Molina publicado en El País.com.

Conocido por organizar la marcha indígena de 1992, recibió en mayo pasado una paliza por apoyar el referéndum autonómico de Beni.

Marcial Fabricano caminó, en los noventa, por el “territorio y la dignidad” de los indígenas del oriente y el norte del país. Formó parte del sistema organizativo y productivo de su nación indígena. Alentó desde entonces la necesidad de una Constituyente inclusiva y ocupó funciones públicas nacionales y regionales para respaldarla. Fue candidato a la vicepresidencia, y después, desde el llano político, al entender que la nueva propuesta aprobada por la Asamblea Constituyente no era el resultado de una propuesta colectiva, se opuso militante a ella. Debió pagar sobre su cuerpo el atrevimiento con la flagelación que le prodigaron, hasta el desmayo, otros hermanos indígenas suyos que pensaban diferente. En pleno siglo XXI.

Marcial ha recibido las críticas a la eficacia de su gestión y lleva sobre sí la descalificación por su conducta entreguista a los k’aras, expresión peyorativa con la que se denomina a la sociedad nacional, de los blancos y oligarcas bolivianos. Y que se la regala generosa la nueva burocracia indígena desde el Gobierno.

En esta simplificación en la que el indio bueno es el indio sometido, para unos, mientras se convierte en traidor de su sangre, para otros, Fabricano ha tratado de construir un camino. No existe resultado final todavía. Como la vida misma.