La Guardia y San Ignacio de Velasco, dos municipios que durante una semana nos permitieron revivir la verdadera Bolivia, esa de culturas diversas, la de ciudadanos que más allá de sus tonos de piel, acentos y costumbres, tienen las mismas necesidades y sueños. Una semana bastó para acabar con los regionalismos, para encontrarnos y conocernos, solo una semana para que la patria tenga diferentes rostros que se fundan con la tierra roja de la Chiquitania.

Que fácil fue construir objetivos compartidos, olvidarnos del accidente del lugar donde nacimos y encontrarnos con el espíritu abierto con ilusiones comunes. Alcaldes, Concejales, Técnicos y periodistas nacidos en El Alto, Santuario de Quillacas, Pampa Aullagas, Huari, Salinas de García Mendoza, Yamparaez, Zudañez, Pailón, San José de Chiquitos, Roboré, Sucre, Monteagudo, Puerto Acosta, Cochabamba, Yotala, Pailón, Ancoraimes y Cochabamba, nombres de municipios que en algunos casos son más conocidos que en otros, construyeron con nosotros, los bolivianos de la llanura, las ganas de hacer patria. Por una semana autoridades políticas de todo el país no preguntaron la tendencia política del compañero de viaje y qué fácil fue hablar el mismo idioma. Que absurdo suponer que no deseamos lo mismo por venir de orígenes diferentes, que daño que le estamos haciendo al país planteando diferencias en lugar de centrarnos en las coincidencias.

Lo técnico relacionado a la gestión municipal, participación, gobernabilidad, inversión concurrente, control social, desarrollo económico local, planificación, salud, educación, generación de empleo, transparencia, cultura política, y otras terminologías específicas fueron el valor agregado de un aprendizaje entre pares. Los “Municipios Escuelas” de San Ignacio y La Guardia, nos enseñaron lo importante de generar una cultura política diferente, pro activa, donde el ciudadano tiene un rol efectivo en generar su propio desarrollo, donde el gobierno municipal complementa y valora el emprendimiento privado, y la gestión se mide en resultados, no en discursos.

La lección es clara, empecemos mirándonos a los ojos, poniendo en valor lo positivo que tenemos, dejemos de resaltar las diferencias y cerremos las puertas de las frustraciones. Se hace necesario acercarnos, conocernos para perder el temor a lo distinto, y tener la voluntad necesaria para mirar al futuro.

¿Será tan difícil? San Ignacio y La Guardia, nos demuestran que es posible una Bolivia integrada, positiva, productiva y con ciudadanos comprometidos.

¡Chapié y Jallala Bolivia!

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