En la búsqueda de potencialidades turísticas, llegue al pueblo chiquitano de Limoncito ubicado en el Municipio de Concepción. Solicité una entrevista con el Presidente de la Comunidad, un Sr. mayor de apellido Chacón. Como una forma de iniciar la charla, le pregunté el motivo del porqué el pueblo llevaba por nombre “Limoncito”. Como respuesta obtuve lo siguiente: “cuando yo era muy joven, cuando tenía 16 o 17 años, vivía a unos 500 metros de la plaza principal de Limoncito. Desde mi casa despertaba todas las mañanas y en el centro, donde está la plaza actualmente, había un limoncito”. Yo entonces supuse que esta era la explicación del nombre del pueblo, sin embargo la historia continuó: “Debajo de ese limoncito siempre había una chica que se sentaba todos los días. Hoy esa señora apellida Chacón y todos los nietos y bisnietos que usted puede ver correteando alrededor nuestro llevan mi apellido”.

El mensaje es muy claro: el amor forja pueblos.

La voluntad de escuchar y reconocer al otro nos puede ayudar a encontrar amor en todas las historias y en los pueblos más alejados de nuestra geografía.

En medio del sonido de las dinamitas del «control social» que cerca el Congreso Nacional, reafirmo la lección aprendida en Limoncito.

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