Aprovecharé el espíritu de las fiestas de fin de año para escribir a quienes rara vez me doy el tiempo para hacerlo, a aquellos que de una forma u otra me acompañan en la vida, y de a poquito, ayudan a afrontarla. Debo admitir que no siento la fe de muchos, y que por momentos quisiera tenerla como forma de hacer más tolerante circunstancias que hacen atractiva la muerte. Es la belleza de los contrarios: desear morir para valorar la vida.

Esa paradoja extrema nos hace crecer, nos impulsa a vivir con nuestra singularidad en compañía de aquellos que nos vamos encontrando en el camino. El azar enriquece y evita la apatía de la predestinación. Somos responsables de nuestros actos y de quienes permitimos nos acompañen en el camino. Cada uno de ustedes tiene una pequeña culpa de lo que soy, los defectos son mi responsabilidad.

A ustedes con los cuales comparto mi vida, que nos permitimos soñar, que la ilusión del reencuentro permanente sea la esperanza que nos impulse, que nos mantenga en la vida, que nos recuerde la fragilidad de la existencia, la importancia del presente para amar hoy y no mañana. Han pasado muchos años en algunos casos y solo minutos en otros desde que compartimos risas o lagrimas. La magia del corazón permite que la tiranía del tiempo sea vencida y que a través de estas cuantas palabras pueda recordarlos, imaginariamente en el espacio que solo a nosotros nos pertenece, sin mezquindades, solo sentimientos.

Solo hay buenos recuerdos, los demás se los dejo al tiempo.

5 respuestas

  1. El reconocer la fe de muchos, ya representa un fenómeno de fe. No es difícil 😉
    El militar en la esperanza es un tipo de fe y sin duda vos sos un militante.
    Es cuestión de diversificarla, creo.
    Este tipo de escritos, reconfortan.
    Un abrazo, nos vemos mañana 🙂

  2. «la importancia del presente…», como tu dices, es el eterno deseo de los que queremos vivir y apreciar el camino que nos trazamos, hacer especial nuestro paso al cruzarnos con el camino de otros, y aprovechar cada instante de aquellos que por ahí pasaron.

  3. Estoy de acuerdo con Sebas, en definitiva esto es un acto de fe que nos llena de pensamientos y sentimientos positivos para con los demás. Me dejaré llevar por esas buenas vibras para acompañar mis días.

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