Luego de las 5 horas de puntual retraso de Aerosur, la aventura continuó hasta las 5 de la madrugada con 5 filas diferentes que revisan lo mismo. El pasaporte es revisado en:

  1. “check in” de Aerosur
  2. en las casetas de Migración al pasar el control de seguridad
  3. a alguien se le ha ocurrido la idea de colocar a un funcionario de Interpol para que él sólo controle el pasaporte a más de 250 pasajeros, además que no sabe siquiera la diferencia entre un residente y un turista con Visa de entrada
  4. el control de la FELCN donde, dependiendo de la cara del pasajero de turno, se debe responder hasta el nombre del padre, la madre y los santos apóstoles de la Fe que uno profesa, por supuesto sin temblar o transpirar para en lo posible evitar el posterior toqueteo en caso que la voz cambie un poco de tono frente a la santa inquisición; y para finalizar
  5. “la” funcionaria de Aerosur en la puerta de entrada del avión vuelve a revisar lo mismo que en las otras cuatro oportunidades.

Parece que el procedimiento tiene la intención de verificar que el pasaporte no mute por generación espontanea en el transcurso de pasar de fila a fila.

Una vez en el avión, el pasajero se entera que debe realizar una parada no avisada para cargar combustible en Santa Cruz de Tenerife, en un vuelo comprado y ofrecido como “directo”. La explicación es sencilla: el avión no tiene la autonomía de vuelo suficiente para llegar a Madrid. Basta mirar hacia tras para percatarse en los rostros de los pasajeros “asardinados” en los asientos, que efectivamente la aeronave no tiene las condiciones suficientes para un vuelo de tantas horas.

El cansancio de la espera de casi toda la madrugada en el Aeropuerto de Viru Viru y las largas horas de vuelo, se compensaron con creces al llegar a Madrid iluminada, donde los colores variopintos y los diferentes acentos de las personas que transitan sus calles nos aterrizan en una realidad cosmopolita.

Soledad Gonzalez y Jorge Mercado se encargaron de deleitarnos en un restaurante de comida gallega, donde las “papas bravas”, el “pulpo a la gallega”, el “lacón de cerdo”, “calamares a la gallega” y otros manjares, cerraron el circulo de una noche madrileña que espera la primavera.

Al día siguiente el vuelo de 4 horas a Estocolmo en Iberia tuvo un breve retraso por la necesidad de cambiar un neumático, procedimiento que a aquellos con temor a volar deja siempre un sabor amargo. Yo por mi parte, dormí placidamente mientras esperaba llegar a una realidad de la cual no sabía francamente que esperar. El inicio de la primavera Sueca con sus 6 grados Celsius me dio la bienvenida.

La entrada al aeropuerto refleja de inicio una cultura diferente, con letreros enormes de personajes destacados en diferentes ámbitos de la Sociedad Sueca que te dan la bienvenida en primera persona. Fue un primer mensaje claro: uno de los estados considerados como más “socialista” de la Europa moderna te da la bienvenida a través de sus ciudadanos; es el rescate del individuo que conforma la sociedad y que de forma solidaria la forma, sin ser aplastado por ella.

Como no podía ser de otra forma, la noche terminó en una MacDonald, con un cuarto de libra con queso, papas fritas y buffalo wings. Me entregué  gustoso y sin remordimientos al “imperialismo” y a la globalización de la Coca-Cola.

4 respuestas

  1. Rubens,

    espectacular tu descripción de la salida boliviana, no será que están pensando en desanimar a la gente que se quiere ir antes de partir???

    Lo que si extrañé en tu post es algún comentario acerca del Via Crucis que deben pasar los «sudacas» al llegar a la entrada del «paraiso europeo», no importa si es Madrid, París, Roma o Amsterdam o será que las exigencias del visado han alivianado este proceso????

    No te olvidés de la porción de salmón con caviar en mi nombre.

    Seguí contandonos sus impresiones, así moriremos un poquito de envidia.

    Salud y fuerza!!!

  2. Bien oye. Viajar es una tortura, llegar es un placer. Estaremos atentos a las impresiones suecas (mejor si vienen con fotos eventualmente). Pasala bien y trae vodka. Mucha envidia (de la buena)

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