Ayer partimos de Oruro hacia La Paz. Tardamos casi una hora en salir de Oruro y francamente salí con dolor de cabeza del trafico caótico. La carretera que cruza el Altiplano hacia El Alto es altamente traicionera y la llegada al Alto es tan parecida como la salida de Oruro. La vida en ambas ciudades la definió muy bien Ronaldo al describirla como “Aleatoria”. El comportamiento de las personas en las calles, los taxis, los camiones, los perros, los diferentes aspectos de la vida en sí no es predecible, es caótico, aleatorio. Manejar por tanto tiempo y con tantas variables impredecibles es una experiencia que la clasificaría como altamente estresante.

Por la noche, luego de una siesta necesaria, la comida Japonesa desafió los 3.600 metros de altura. Kanikama, makisushi, cerdo al tereyaki, sopa de miso, sashimi, gyosa, son algunos nombres que acompañados con bastante salsa soya, fueron razones suficientes para respetar la altura y dormir temprano, casi en calidad de bulto.

Hoy, la adicción a conectarse al Internet nos tiene por más de 5 horas sentados en el “Café Beirut”, ubicado en la zona de San Miguel. Entre medio de correos electrónicos, boletines, bloggs y páginas web, se intercalaron porciones de kebbi frito, hojas de parra, hojas de repollo, hummus, battengen, falafel, tabulle, labane, coca colas, mates de coca y pie de limón. Sin prejuicio alguno mezclamos lo árabe, lo andino y el imperialismo, la globalización en su máximo esplendor.

Como ven Animal de Ciudad y Yo nos estamos tratando mal con la vida oligarca de La Paz.

Salud!!!

4 respuestas

  1. bueno genial la verdad, y tienes mucha razón así son las cosas y las contratapas de esta sociedad…. terrible! visto como cambia el panorama en un dos por tres…. no me refiero que uno sea mejor que otro, tal vez es cosa de cultura y costumbres… punto.

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